En la quebrada de San Juan, un rincón escondido en las tierras de Virú, la Universidad Nacional de Trujillo ha desenterrado un testimonio conmovedor del pasado: cuatro seres humanos, cuyas miradas eternas parecen fijarse en el vasto océano. Entre ellos, dos niños, un adolescente y un adulto, descansan en la serenidad del tiempo, acompañados de ofrendas de colgantes de piedras y caracoles, símbolos de un mundo antiguo.
Este descubrimiento, liderado por el arqueólogo Christian González, ofrece una ventana a las prácticas funerarias de tiempos remotos, revelando cómo estas gentes honraban a sus muertos, mirando hacia el mar que probablemente fue central en sus vidas. Sin embargo, este fragmento de historia enfrenta una batalla moderna. La expansión agrícola y el paso de maquinaria pesada amenazan con borrar estas huellas del pasado, como ya ocurrió en 2022, cuando los vestigios sufrieron daños.
Hasta ahora, solo un 1% de los 51 m² de esta rica zona arqueológica ha sido explorado, lo que sugiere que aún hay misterios por desvelar bajo la tierra. La preservación de este legado dependerá del esfuerzo y la dedicación de los estudiantes y docentes, quienes tienen la responsabilidad de proteger y desentrañar la historia oculta en las entrañas de Virú.