HOY SE CUMPLE 54 AÑOS DEL TERREMOTO DE 1970 EN EL PERÚ.

El terremoto de Áncash de 1970, también conocido localmente como terremoto del 70, fue un sismo devastador que ocurrió el domingo 31 de mayo de 1970, a las 15:23 (hora local). Este desastre natural tuvo un impacto significativo en la región y dejó una profunda huella en la historia del Perú.

A continuación, algunos detalles clave sobre este trágico evento:

Magnitud y intensidad:

El terremoto alcanzó una magnitud de 7.9 en la escala de magnitud de momento y una intensidad de grado IX (violento) en la escala de Mercalli1. Fue ampliamente sentido en toda la costa y sierra del departamento de Áncash y en regiones limítrofes del sur y norte del Perú.

Epicentro y consecuencias: El epicentro se localizó a 20 km al suroeste de la ciudad de Chimbote, en el océano Pacífico, a una profundidad de 1 km. El sismo produjo el desprendimiento de un casquete de hielo y rocas del nevado Huascarán, lo que resultó en un aluvión que sepultó la ciudad de Santo Domingo de Yungay, cobrando la vida de aproximadamente treinta mil personas.

Áreas afectadas:

El terremoto afectó severamente la región de Áncash y varias provincias de los departamentos de Huánuco, Lima y La Libertad, causando daños considerables en un área extensa de aproximadamente 450 km de longitud y 200 km de ancho a lo largo de la costa y la sierra peruana.

Impacto histórico:

Aunque no fue el terremoto más grande en términos de magnitud, su devastación se debió principalmente a la gran cantidad de pérdidas humanas que ocasionó. Se considera como el más destructivo en la historia del Perú.

En respuesta a esta catástrofe, en 1972, el Gobierno del Perú fundó el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) con el propósito de preparar a la población para actuar de manera efectiva durante eventos sísmicos y otras emergencias. Además, en conmemoración a este desastre, cada 31 de mayo se lleva a cabo un simulacro de sismo a nivel nacional con el objetivo de aumentar la conciencia pública sobre la importancia de la preparación y la respuesta adecuada ante posibles desastres naturales.

Este trágico evento dejó una marca imborrable en la memoria colectiva del país y sigue siendo recordado como un momento de gran dolor y solidaridad entre los peruanos. El desprendimiento del nevado Huascarán y el aluvión que sepultó Yungay y Ranrahirca son imágenes que perduran en la historia y nos recuerdan la importancia de la preparación y la resiliencia frente a los desastres naturales.